

Según la Organización Mundial de la Salud, los probióticos son “microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, ejercen efectos beneficiosos sobre el huésped”.
Las cepas bacterianas más utilizadas como probióticos y que han demostrado ser más beneficiosas son Lactobacillus y Bifidobacterium, que pueden consumirse en los alimentos o en suplementos dietéticos.
Según estándares internacionales (FAO/OMS), para ser considerado efectivo, el probiótico debe cumplir requisitos como: tener un efecto beneficioso comprobado sobre el huésped, seguridad clínica documentada, capacidad de colonizar el tracto gastrointestinal, resistencia al ácido gástrico y bilis y sus características deben permanecer inalteradas desde su preparación hasta su destino final: la flora intestinal.
Los probióticos ayudan a mantener una flora intestinal equilibrada, lo cual es importante para el funcionamiento normal del tránsito intestinal y de nuestro sistema inmunológico. Estos microorganismos vivos ayudan en la digestión de algunos alimentos, en la síntesis de vitaminas del grupo B y mejoran la absorción de nutrientes como las vitaminas C, D, calcio y hierro.
A su vez, los prebióticos estimulan el crecimiento de bacterias probióticas beneficiosas, actuando como sus nutrientes. Un ejemplo de prebiótico son los fructooligosacáridos (FOS).
Las claras ventajas de combinar probióticos con prebióticos dan lugar a los simbióticos.


La microbiota es el conjunto de microorganismos vivos que residen en un ambiente determinado. Residen en estos lugares de forma más o menos permanente y desempeñan funciones específicas. Existen varias microbiotas en el cuerpo humano, siendo la microbiota intestinal (también conocida como flora intestinal) una de las más importantes.



La microbiota intestinal pesa entre 1-2 kg y contiene alrededor del 95% del total de bacterias que habitan naturalmente en el cuerpo humano. Esta colonización bacteriana evoluciona a lo largo de la vida, desde el nacimiento (donde influyen el tipo de parto y el estilo de alimentación del bebé) y cambia a medida que envejecemos.
Además de los cambios propios de la edad, factores ambientales como la dieta, el estilo de vida, la higiene excesiva y la toma de antibióticos pueden alterar la microbiota intestinal, dando lugar a un estado de disbiosis.
Como consecuencia de la disbiosis surgen trastornos digestivos, siendo los más frecuentes la diarrea y la diarrea asociada a la toma de antibióticos –que pueden producir deshidratación–, distensión y dolor abdominal, gases, flatulencias y estreñimiento.
Por otro lado, una microbiota intestinal equilibrada le permite realizar correctamente sus funciones metabólicas, digestivas, protectoras y estimulantes del sistema inmunológico, contribuyendo a nuestro bienestar general.

Información adicional sobre probióticos y microbiota intestinal
Recomendaciones internacionales sobre los beneficios de los probióticos en adultos y niños:
Organización Mundial de Gastroenterología (WGO): https://www.worldgastroenterology.org/guidelines/global-guidelines/probiotics-and-prebiotics
Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN): https://www.espghan.org/knowledge-center/publications/Gastroenterology/2008_ESPGHAN_ESPID_Guidelines_for_the_Management_of_Acute_diarrhea
Organización Mundial de la Salud y Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (OMS/FAO): http://www.fao.org/food/food-safety-quality/a-z-index/probiotics/en/